
Deseo Sexual Responsivo: Por Qué No Siempre Viene Primero
“Ya no siento ganas antes.” Es una de las frases que más escucho en el consultorio, casi siempre dicha con una mezcla de culpa y confusión, como si fuera la prueba de que algo se rompió. Sin embargo, para una enorme cantidad de personas, especialmente mujeres en relaciones de larga duración, el deseo sexual responsivo nunca funcionó “antes”. Siempre vino después. Y nadie les dijo que esto también es normal.
Si te encuentras comparando tu vida sexual con una idea de deseo espontáneo que nunca coincidió con tu experiencia, este texto puede aliviar un peso que tal vez ni sabías que estabas cargando.
Por qué el modelo de deseo que aprendiste no es universal
La idea más difundida sobre la sexualidad sigue una lógica lineal: primero viene el deseo, espontáneo e independiente del contexto; luego la excitación; después el orgasmo. Es un modelo simple, fácil de explicar, y es exactamente lo que aparece en películas, conversaciones informales e incluso en mucho material de educación sexual. El problema es que describe bien solo a una parte de la población, y deja fuera la experiencia de quienes simplemente no funcionan así.
Cuando alguien mide su propia sexualidad bajo este estándar y no se reconoce en él, la conclusión más común no es “tal vez este modelo no me sirva”, sino “hay algo mal en mí”. Y es ahí cuando la queja llega al consultorio revestida de vergüenza.
¿Qué es, después de todo, el deseo responsivo?
La investigadora canadiense Rosemary Basson propuso, a principios de los 2000, un modelo alternativo de respuesta sexual en el cual el deseo no siempre es el punto de partida (Basson, 2000). En este modelo, la persona parte de un estado de neutralidad sexual (ni con ganas, ni sin ellas) y se acerca a la intimidad motivada por otras razones: afecto por la pareja, disponibilidad, curiosidad, o simplemente la decisión consciente de abrirse a la experiencia. Es solo después de que se instala el contexto adecuado —tacto, atención, seguridad emocional— que aparece el deseo, como respuesta a lo que ya está sucediendo, y no como el detonante que dio inicio a todo.
En Brasil, este modelo es discutido por la psiquiatra Carmita Helena Najjar Abdo, del Programa de Estudios en Sexualidad (ProSex) de la USP, quien destaca cómo esta comprensión cambia la forma de evaluar clínicamente una queja de “falta de deseo” (Abdo, 2010). En lugar de preguntar “¿por qué no sientes deseo?”, la pregunta más útil a menudo es “¿qué debe estar presente para que el deseo tenga espacio para aparecer?”.
¿Entonces “no tener deseo” nunca es un problema real?
No exactamente, y es importante no transformar este concepto en una respuesta prefabricada para toda queja. El deseo responsivo explica muchos casos de “desaparición del deseo” que, en realidad, son solo un patrón diferente de funcionamiento. Pero también existen situaciones en las que el deseo realmente disminuye o desaparece por otros motivos: cuestiones hormonales, uso de medicamentos, conflictos no resueltos en la relación, fatiga extrema o síntomas de ansiedad y depresión. Estas causas requieren una investigación propia y no se resolverían únicamente entendiendo el modelo de Basson.
Por eso, la evaluación individualizada sigue siendo insustituible: el papel de la terapia sexual no es encajar toda queja en el mismo modelo, sino comprender cuál es el patrón de cada persona, y a partir de ahí, construir juntos lo que sea necesario.
Si al leer esto reconociste tu propio patrón, o si aún tienes dudas sobre cuál es el tuyo, esa es exactamente la conversación que cabe en una primera sesión.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es el deseo sexual responsivo?
Es un patrón de deseo que no surge de forma espontánea, antes de cualquier estímulo, sino como respuesta a la cercanía física o emocional ya en curso. En lugar de “sentir ganas y luego buscar a la pareja”, la persona se acerca primero —por afecto, curiosidad o disponibilidad— y el deseo aparece en el camino, motivado por el contexto y las sensaciones del cuerpo.
¿Tener deseo responsivo es señal de algún problema?
No. Es un patrón de respuesta sexual descrito en la literatura científica como común, especialmente entre mujeres y en relaciones de larga duración. El problema no suele estar en el patrón en sí, sino en la expectativa de que el deseo debería funcionar de otra forma, lo que genera la sensación equivocada de que “algo está mal en mí”.
¿Cómo saber si es deseo responsivo o un problema real de deseo?
Una pista importante es observar lo que sucede cuando la intimidad ya comenzó: si, una vez presente el contexto adecuado (cariño, seguridad, ausencia de presión), el deseo y el placer aparecen, es probable que se trate de un patrón responsivo normal. Cuando el deseo simplemente no llega ni siquiera en ese contexto, o viene acompañado de incomodidad, dolor o aversión, vale la pena investigar con un profesional qué hay detrás.
¿La terapia ayuda en casos de deseo responsivo mal comprendido?
Sí. Gran parte del trabajo terapéutico aquí no consiste en “crear” deseo, sino en deshacer la creencia de que debería llegar espontáneamente, y ayudar a la pareja o a la persona a crear las condiciones (tiempo, contexto, comunicación) en las que el deseo responsivo tenga espacio para aparecer.
Referencias
ABDO, Carmita Helena Najjar. Considerações a respeito do ciclo de resposta sexual da mulher. Diagnóstico & Tratamento, São Paulo, v. 15, n. 2, p. 88-90, 2010.
BASSON, Rosemary. The female sexual response: a different model. Journal of Sex & Marital Therapy, v. 26, n. 1, p. 51-65, 2000. DOI: 10.1080/009262300278641.